2 de mayo de 2011

"El segundo hijo del mercader de sedas", premio de la Feria

http://www.ferialibrogranada.org/ficha_noticias.php?id=117


Considerado por algunos especialistas como ‘El Quijote granadino’, ha merecido el consenso de la Comisión Organizadora por representar mejor que ningún otro la relación entre Granada, la novela y la historia. El premio será recogido por Maripí Morales, viuda de Felipe Romero. “Felipe Romero tuvo la habilidad y la inteligencia de librar a Granada, como objeto literario, de la tiranía del exotismo orientalizante para devolverle su cabal imagen de ciudad presente, concreta y definida en su evidencia histórica. Es a partir de esa objetividad desde donde la novela reflexiona y, al mismo tiempo, presenta a la misma ciudad interrogándose por las causas de su destino. Desde esta perspectiva, El segundo hijo del mercader de sedas es la gran novela sobre el ser granadino, el motivo y sentido de la ciudad, la explicación de su pasado y en consecuencia de su presente”, afirma José Vicente Pascual. “Esta reivindicación de un personaje protagonista de la historia alejado de las fantasías románticas y demás tópicos al uso, confieren a El segundo hijo de mercader de sedas su carácter de novela universal, con validez perpetua. Las modas y escuelas pasan. Los clásicos permanecen”, añade. Comares, la editorial granadina que ha puesto sello a esta obra desde la cuarta reedición (el libro lleva en total siete), ha vendido hasta hora 20.000 ejemplares de este título.

12 de junio de 2010







http://www.degranada.net/zona/la-alcaiceria_247.html
Es otro núcleo provisto de triple lectura histórica: el origen nazarí, el devenir castellano y las transformaciones del siglo XIX causantes de su imagen actual; tres estratos superpuestos con visiones diferentes, entre la nostalgia y el pintoresquismo romántico. Su nombre viene del arábigo al-Kaysariyya, relativo al pago de derechos al césar (o emperador bizantino) por la comercialización y custodia de ricas mercancías, especialmente la seda. Hubo varias en la España islámica (Toledo, Córdoba, Sevilla, Valencia, Palma, Málaga, Almería o Vélez-Málaga), pero sólo la de Granada ha sobrevivido, si bien mutilada y reconstruida ex novo en el siglo XIX. Su fundación parece remontarse al periodo nazarí, siendo las primeras noticias documentales que se poseen sobre ella alusivas a mediados del siglo XV.

La Alcaicería granadina fue erigida en el mismo núcleo de la medina islámica, cerca de la mezquita aljama y en un entorno saturado de tiendas y establecimientos manufactureros, como un tradicional zoco. Por su función relativa al comercio de la seda, se configuró como un entorno protegido mediante casa-muro: un cuadrilátero con frentes al Zacatín, Tinte, Oficios y Bibarrambla, provisto de nueve puertas, que se cerraban de noche, salvaguardando las riquezas de las numerosísimas tiendas del interior.

Tras la conquista pasó a denominarse Real Sitio y Fuerte de la Alcaicería de Granada, debido a que, al pertenecer al patrimonio regio, se puso bajo el gobierno de los Mondéjar, alcaides y capitanes generales de la Alhambra y Reino de Granada. El conjunto estuvo vinculado a la Corona desde 1492 hasta 1868, lo que posibilitaría en parte la conservación y mantenimiento de sus tiendas, alquiladas a particulares. Así lo vio Navaggiero poco después de la conquista de la ciudad.

“Espacio cerrado con muchas callejas por todas partes llenas de tiendas, donde los moriscos venden seda y multitud de baratijas; es como una mercería o un Rialto entre nosotros y allí hay mil cosas, especialmente seda labrada”.
Historia

En el siglo XVI tenía cerca de 200 tiendas, número que se redujo a la mitad en las dos centurias siguientes (117 puestos en 1787), debido a la decadencia paulatina del arte de la seda. Para paliar sus efectos se abrieron otros negocios textiles (paños, lienzos, oro, lino), así como trabajos en cuero, zapatos, cacao, especias, etc. Se accedía al conjunto por 10 puertas (una más que en época islámica), de cuyos arcos pendían cadenas de hierro que lo identificaban como de privilegio real e impedían el paso de cabalgaduras, mientras que en su cara interna se ubicaban altares o tribunas con imágenes devocionales dedicadas a Nuestra Señora. Las calles, de empedrado granadino, eran angostas y producían una sensación laberíntica, más por su número que por trazado, pues se piensa que eran casi ortogonales. Muchas de ellas desaparecieron para levantar almacenes y huertos primero, y luego edificios de renta.

El aspecto de las tiendas debía ser variopinto, carente de una clara estructura arquitectónica: apretados espacios de un solo piso pintados a la almagra, que se abrían a la calle con tablones desmontables o abatibles desde el techo mediante pescantes de hierro, tan pequeñas que impedían pernoctar en ellas. De hecho, los viajeros ingleses de principios del siglo XIX contaban que eran tan reducidas “que el dueño se sienta en el centro y puede alcanzar cualquier objeto con la mano sin tener que levantarse”.
Se concentraban las tiendas en la parte occidental, más cercana a Bibarrambla, donde dominaba el carácter mercantil.

La función administrativa estaba en la parte oriental, que presentaba algunas minúsculas placetas y edificios como oficinas para el comercio de la seda, para el almotalefe (inspector), fieles (exactitud del peso) gelices (custodia y venta en subasta), hafiz (custodia del sello) y zaguacador (pregonero); también, las aduanas de paños, lino, especiería, azúcar y seda. De todas ellas, la más importante era, lógicamente, la última, ubicada junto a la placeta de los Gelices y calle del Tinte.

Destruida con la alineación de esta calle, en torno a 1882, poseía un arco árabe de fino calado, que fue desmontado para llevarlo a uno de los museos de Granada, en cuyos almacenes aún debiera permanecer, aunque sin identificar. Repartidos por otros ámbitos de la Alcaicería estarían la casa del alcaide (habitada por éste o su lugarteniente, el sotalcaide), el cuerpo de guardia y el cuarto de los perros, que eran soltados por la noche para la vigilancia del conjunto.

Cultos religiosos

También había lugar para espacios religiosos, aparte las reseñadas tribunas de las puertas y dos mezquitas suprimidas poco después de la conquista. Existió una ermita en la calle que lleva ese nombre, en el cruce con un pasaje lateral. Se trataba de la ermita del Santo Cristo del Rescate, erigida quizás a finales del siglo XVII y ampliada en 1743, para dar culto a un devocional crucifijo. A finales del siglo XVIII pasó a llamarse de Nuestra Señora, siendo de planta rectangular, con un tramo de nave y cupulilla con linterna. Reconstruida en 1844 por José Contreras, sería demolida en 1871.

Este largo comentario corresponde a la antigua Alcaicería, ya en franca decadencia en el primer tercio del siglo XIX. La imagen actual del conjunto es hija de un terrible suceso, acaecido la madrugada del 20 de julio de 1843: un voraz incendio que en seis horas destruyó por completo la zona occidental, relativa a las tiendas. Muchos de sus comerciantes acabaron en la ruina, mientras que la ineficacia de los servicios de extinción obligaría a replantear la dotación de bomberos de la ciudad. La reconstrucción de la Alcaicería no se hizo esperar, mediante un proyecto de corte neoárabe debido a los arquitectos Salvador Amador, Juan Pugnaire, Baltasar Romero y José Contreras, que incluía algunos retoques en el trazado, consistentes en ensanchar ligeramente las calles y perfilar su alineación. La parte oriental, salvada del fuego, presenta un perfil más irregular, dado que junto a decoraciones neoárabes quedan a la vista los testeros de los altos edificios que dan al Tinte y al Zacatín, fruto de las alineaciones practicada a partir de 1881, que terminaron por hacer desaparecer lo poco que quedaba de la primitiva Alcaicería.

El resultado de la reconstrucción es la Alcaicería que hoy vemos, con yeserías de imitación nazarí, capiteles cúbicos y ornamentación pictórica inspirada en la Alhambra, frente a la arquitectura original en ladrillo y madera, sin exornos. La intervención satisfizo a pocos, pues aunque se ganó una segunda planta para almacén, los vanos eran tan bajos que quedaban a nivel de las solerías; por otro lado, los altos costes obligaron a subir los alquileres, causando paradójicamente una mayor decadencia de la actividad comercial, mientras que los adornos fueron calificados como pastiches por parte de los historiadores de la época, conscientes de la pérdida de la singularidad del antiguo espacio islámico. Con todo, hoy día es la Alcaicería una curiosa adaptación de la arquitectura neoárabe a los intereses mercantiles de la ciudad décimononica, cercano más en esencia a un zoco que a los coetáneos mercados y galerías de hierro y cristal.

Es justamente el tópico de zoco artesanal y mercantil el que da vida a este original espacio neoárabe –galería comercial única en su estilo en toda España- en épocas relativamente recientes, cuando tras una larga postración se venden a partir de 1941 los productos artísticos granadinos del tallista Miguel Mariscal: punto de partida de nuevos bazares de bisutería, bronces, taraceas, cerámicas, etc, que aportan notas de color y animación a este mercado. Hoy día el profundo deterioro y la degradación de estructuras y ornatos exige una pronta intervención en el conjunto de la Alcaicería



ALCAICERÍA






Alcaicería
De Wikipedia, la enciclopedia libre

http://es.wikipedia.org/wiki/Alcaicer%C3%ADa
Se denominaba alcaicería al lugar de las ciudades de al-Ándalus, donde se autorizaba a comerciar, al por mayor, con seda bruta. Después la actividad se extendió a la venta de objetos de seda elaborados, para llegar a ser conocido como el mercado de todos los productos textiles, aunque la seda siguió siendo el objeto fundamental de venta.

La etimología del término no es clara, si bien se atribuye al hecho de que el emperador Justiniano concedió el derecho al comercio de la seda a los pueblos árabes. Conociéndose al emperador entre los árabes como qaysar (Caesar = césar), evolucionó hasta Al-qaysar y de ahí a Alcaicería o Alcacería.

Las Alcaicerías de mayor renombre –aunque no las únicas– de al-Ándalus fueron las de Madinat Garnata y Sevilla, por este orden. En la actualidad, en Granada, se mantiene la denominación al lugar donde se encontraba su antiguo emplazamiento, que fue destruido en el incendio de 1843, y se conoce como La Alcaicería. Sigue siendo una zona comercial próxima a la Catedral y conserva rasgos de los zocos árabes y algunos recuerdos de la bulliciosa actividad del mercado de la seda nazarí.


http://grandesguiaseuropeas.com/ciudades/granada/alcaiceria.htm

30 de diciembre de 2009

LA REBELIÓN DE LOS MORISCOS DEL REINO DE GRANADA

Conquistada Granada en 1492, las condiciones de existencia de los moriscos quedan recogidas en las Capitulaciones de Santa Fe, en las que se les permitía entre otras cosas mantener sus propiedades, sus costumbres y su religión. Estas condiciones se quebrantaron desde el primer momento, obligando a los moriscos, en pocos años y por la fuerza, a convertirse al cristianismo. Muchos moriscos convertidos se seguían sintiendo musulmanes y practicaban a escondidas su religión.

Con Felipe II, auténtico fanático religioso, la opresión se hace insoportable para los moriscos, obligándoles no sólo al cambio de religión, sino a un abandono de sus costumbres, tradiciones y vestimentas ("se les prohíbe el uso del vestido morisco, las fiestas, el uso de los baños, y se les obliga a dejar las puertas de las casas abiertas y llevar las mujeres el rostro descubierto"). Por otro lado, los cristianos y militares (2 ó 3 familias en cada pueblo) sometían a la gran mayoría de población morisca a continuas vejaciones, dando lugar a que muchos moriscos se refugien en la sierra y se dediquen al pillaje y a la venganza ("los monfíes").
Comienzan a conspirar por todo el Reino de Granada y en secreto deciden tomar las armas. La fecha fijada para la rebelión era el día 1 de enero de 1569 y sería dirigida por don Fernando el Zaguer, llamado "Aben -Xaguar". Sin embargo, los acontecimientos se precipitan y el alzamiento se tiene que adelantar.

Iniciada la rebelión contra el mayor Imperio que jamás ha conocido la historia del hombre (un Imperio en el que nunca se ponía el Sol), los moriscos tenían la necesidad de un líder, no solo intrépido y valiente, sino que también tuviera sangre real, coronando a don Fernando, descendiente de los Omeyas de Córdoba, como rey de los moriscos con el nombre de Aben Humeya.

El 27 de septiembre decidieron los jefes y religiosos moriscos, hacer rey a D. Fernando de Válor, nombrando a Aben Farax su Alguacil Mayor, y el día 30 del Diciembre de 1568 fue coronado en Cádiar bajo un olivo: "Vistiéronle de púrpura, y pusiéronle a torno del cuello y espalda una insignia colorada a manera de faja. Hizo juramento de morir en su Ley y en el reino. Todos gritaron: "Viva el rey D. Fernando Muley Aben Humeya". Tomó los pueblos de Poqueira, Pitres, Juviles y Ugíjar. Felipe II tuvo que mandar a D. Juan de Austria, para sofocar la rebelión. Aben Humeya multiplicaba las emboscadas y evitaba los grandes encuentros. La táctica de la Guerra de Guerrillas, muy conocida desde los íberos contra los romanos, daba en una zona tan escabrosa como La Alpujarra, unos excelentes resultados. Ante la impotencia por parte del mejor ejército del Mundo por aquellos entonces, los soldados tomaban fuertes represalias contra la indefensa población morisca. El Marqués de Mondéjar ofreció en Órgiva diez mil ducados por la cabeza de Aben Humeya.



CASA DE ABEN HUMEYA EN NARILA
Las fuertes recompensas por su captura, los supuestos privilegios que conllevaba para quien le diera muerte y el afán de poder, ocasionó que su tío Aben Aboo, su amigos Diego de Arcos y Diego Alguacil y la amante del propio Aben Humeya, lo traicionen y asesinen una noche en el castillo de Laujar de Andarax, estrangulándolo con un cordel, tras horas de agonía.


Empieza ahora un largo y penoso éxodo para los moriscos del Reino de Granada por toda la Península, Norte de África y América. Durante años vagaron sin rumbo fijo, soportando vejaciones de todo tipo, muertos de hambre, con sus ropas hechas jirones, ... por ley no podían recibir auxilio de ningún cristiano. Para los que aún poseían algunos recursos el exilio era posible, pero para los menos afortunados (la mayoría eran agricultores, pastores y artesanos humildes) y los que aún se resistían en dejar la tierra de sus antepasados, la única solución era pasarse por cristianos viejos e intentar volver al reino de Granada con el paso de los años.



Y algunos lo consiguieron, de hecho hasta bien entrado el siglo XVII hay referencias de juicios y quema posterior de moriscos por parte de La Inquisición. En la actualidad hay decenas de apellidos por toda la Península Ibérica que provienen de linajes moriscos.

Cuenta la leyenda de que a principios de siglo, en algún remoto pueblo alpujarreño, aún se practicaba a escondidas la religión musulmana.

Hoy, 12 de marzo del año 2.000, por primera vez en la Historia de la Iglesia Católica, el Papa Juan Pablo II, ha pedido oficialmente perdón por todas las injusticias y atrocidades que la Iglesia ha cometido en sus dos milenios de existencia, sobre todo a musulmanes y judíos.


http://www.aldearural.com/alpujarra/historia/aben%20humeya.htm

23 de septiembre de 2009

GRANADA Y LOS CINCO SENTIDOS.......

Te propongo, querido viajero, un juego: que percibas Granada a través de cada uno de

tus sentidos. Te advierto que no es un ejercicio fácil, a pesar de las múltiples ventanas

por las que resbala su hermosura; si de veras quieres entenderla entera, si ansías

empaparte de ella, tienes que abrir tu alma y dejar que te cale, que inunde todos tus

sentidos, mirarla con ojos de águila desde la torre de la Vela o el mirador de San

Nicolás, escuchar los ecos profundos de su pasado y el palpitar de sus gentes de hoy,

saborear los caldos calientes de sus tabernas, palpar los muslos turgentes de sus fuentes

y oler el humo violeta de su cuerpo.

Cuando el arcoíris de tus sentidos haya alcanzado la plenitud de su elíptica, tamiza con

ojos críticos cada uno de los estímulos percibidos y el jugo que resulte bébetelo en copa

de cristal tallado, desde ese momento, tus carnes serán un remedo de su textura, tu

alma, un aljibe más donde ella reposará para siempre. Sal y báñate en ella.

la vista






Si hay una ciudad donde la luz juega al escondite que, si no estás atento se te pierde

entre las sombras de los dos ríos sobre los que está asentada cuando platica con el

Sacromonte en las tardes de rojo agareno, ésta, es Granada. El sol la colorea de distinta

manera si resbala por los cármenes floridos del Albaicín, que cuando baja a las oscuras

callejas de su entramado urbano o planea lento sobre las terrazas de fuerte color

Generalife.

Fotografía en tus retinas, nada de cámara fotográfica, cada una de sus callejuelas,

recréate en todas y cada una de sus fachadas y no dejes que los silogismos profanos te

cuarteen los ojos y no puedas retratarla en todo su esplendor.

Esta ciudad cambia los matices constantemente, inyecta esencias diferentes en cada

amanecer, las pinceladas cromáticas con las que se peina apuran todos los aceites.

Granada es luz y contraste en estado puro, mírala con pasión.



el tacto






Si manoseas los adobes terrosos de su muralla, si posas tu frente en el frío mármol de

sus iglesias, si lavas tus manos en los bucles de sus fuentes, estarás recorriendo la piel

lozana y tersa de esta ciudad que se viste de sayo en otoño, con abanicos de colores en

primavera.

Tócala con la mano, no sólo con el alma, manosea las paredes ásperas del cubo y

comprenderás que ella no es sólo pasado, que se unta en la piel los afeites modernos sin

cambiar su lozana estampa, que remoza los abalorios de su vestido sin perder un ápice

de su encanto. Acaríciala como si fuera tu amante, con la misma pasión que el marinero

ama en cada puerto, con mano suave, con besos tiernos, con susurros de balsámico

aceite. Pálpala.


el olfato

¿A qué huele Granada? ¿Cómo la puedo oler? ¿Dónde? Para mí, huele a musgo umbrío

del Darro, al vaho caliente de su vega, a frondoso y fragante olor de rosas, a rocío

matutino, a naranjo y a miel. ¿De dónde sacas esas fragancias? De los fresnos áureos de

la fuente del avellano, del intenso supurar de los cipreses del Albayzín, del aromático

mirto.

No pierdas tu tiempo en preguntas que en nada te van a ayudar, sal a la calle y rastrea,

como un sabueso, todos sus rincones, sigue el rastro selvático de sus viejas heridas y

olerás el azafrán de sus aljibes; olfatea cada palmo de su cuerpo y percibirás los olores

calientes que embriagan, persigue contracorriente los hilos de plata que la bañan y

comprenderás a qué huele Granada. Abre tus pituitarias y llena tus pulmones de su

aroma.


el oido


El claxon de la velocidad déjalo en el hotel, cálzate las zapatillas de la calma y abre el

micro de tus sentidos. Ve al bosque de la Sabica y escucha el correr del agua por las

acequias que inspiran al ruiseñor y cómo la umbría lo envuelve todo en ovillos de

silencio, duende que no vemos, pero que está ahí y juega con los niños en los estanques,

en las horas de la amanecida con los amantes, en los alminares de las noches cerradas

con los crápulas.

Los susurros arcanos que corren bajo las bóvedas del Dauro son los mismos lamentos y

alegrías que brotan en las cuevas del Sacromonte, por eso, quítate los auriculares de la

prisa, siéntate en un banco del paseo de los tristes y escucha el lamento quejoso del

agua que baja de la sierra, antes que el bullicio de la calle y el acre tumulto del tráfico lo

engulla. Escúchala con atención


el gusto


Como este sentido es menos espiritual, está hecho más para la materia, también hay que

complacerlo sino el pentagrama de nuestros sentidos se arrugaría y no podríamos

componer la sinfonía con las notas que cada día recogemos, Granada, viajero, te ofrece

un amplio abanico de terrazas, de bares y restaurantes donde el quinto jinete, el de la

gula, puede gozar de una gran variedad de viandas que lo dejarán saciado y complacido.

Si nos visitas a primeros de año y no temes que algún pliegue de tu piel comience a

redondearse, no te vayas sin probar la olla de San Antón, ni dejes subir al Sacromonte a

comer habas con bacalao, pero si tu paladar es más exquisito y tu bolsillo no sufre las

inclemencias del Ibex 35, no te preocupes, esta ciudad es una despensa repleta de

buenos manjares y tiene un ramillete de excelentes restauradores que darán cumplida

respuesta a tus demandas.

Como ves, este sentido no se alimenta de cosas etéreas, si me apuras vive más a pie de

tierra, es el encargado de la intendencia, el que cuida los detalles para que sus cuatro

hermanos puedan abarcar los cuatro estadios de los que se viste la belleza.

http://www.flickr.com/photos/maria_quintana/sets/72157622167435872/

9 de junio de 2009

El bando

Por orden real, la Baja Alpujarra

abandonarán moriscos infieles,

infantes, mujeres, cruzarán el mar.

Viva el rey Fernando y la reina Isabel.

Tanto monta, monta tanto. Amén.

Por orden real, escritos de herejes en fuego arderán

y aquel que se encuentre fablando morisco a galeras irá.

Viva el rey Fernando y la reina Isabel.

Tanto monta, monta tanto. Amén.

Por orden real, cincuenta cabezas a cambio darán:

honores, riquezas, fanegas de tierra y el cielo además.

Viva el rey Fernando y la reina Isabel.

Tanto monta, monta tanto. Amén.

Lole y Manuel - al mutamid (flamenco)

http://www.youtube.com/watch?v=vgQnNpm-RNc&feature=related